El 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y de la Niña en la Ciencia

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Este domingo 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. La resolución que marcaba este día fue aprobada el 22 de diciembre de 2015 por la Asamblea General de las Naciones Unidas y, al año siguiente, se celebró por primera vez esta fecha con el fin de luchar por la igualdad de oportunidades y de participación de las mujeres en la ciencia y para reconocer su trayectoria y sus aportaciones a los ámbitos científicos, técnicos y de investigación.

¿Por qué es necesario este día?

En el año 2018, las mujeres representaban tan solo el 33% del personal de investigación en el mundo, según el Informe sobre Ciencia 2021 de la UNESCO. En España, en el año 2023, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades publicaba Científicas en Cifras un documento que estudia la situación de la mujer en la investigación ciencia y tecnología. El personal investigador, según los datos de este análisis, alcanzó en el año 2021 la cifra de 154.147 profesionales en jornada completa. De ese total, las mujeres que se dedican a la investigación representaban, también en 2021, el 39,8% del total, un porcentaje algo que menor que el que se encontraba el año anterior, en 2020, situado en un 39,9%.

Desde el año 2014, cuando las mujeres representaban el 38,6% de los científicos dedicados a la investigación, hasta ahora, no se puede afirmar que se haya producido una mejora notable de la situación. Teniendo en cuenta los últimos datos disponibles, no ha habido un aumento significativo desde esa fecha hasta la actualidad, apenas 1 punto porcentual.

Por otro lado, las mujeres y hombres también experimentan diferencias en cuanto a la duración, progresión y productividad de sus carreras científicas. Como se puede observar en el siguiente gráfico que recoge datos del Estudio sobre la Situación de las Jóvenes Investigadoras en España, las mujeres están prácticamente igualadas en número a los hombres en las primeras etapas de sus carreras en las universidades, mientras que al avanzar en sus estudios, la proporción empieza a reducirse.

Esta situación es conocida como el fenómeno de la “tubería que gotea”, cuanto más progresan en sus carreras, menos niñas y mujeres vemos en carreras y trabajos STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Por eso, en el gráfico anterior, se observa como la línea que representa el progreso de los hombres, se separa cada vez más de la de las mujeres a partir del Grado B (Doctorado), reduciéndose la representación de estas en el Grado A (Puesto más alto, Catedrático de Universidad) a un 22% en el curso 2020-2021.

Las razones para este suceso son múltiples y no responden a una única causa. El informe de Situación de las Jóvenes Investigadoras en España indica que la “inestabilidad, dedicación, movilidad, competitividad y dificultades para acceder a financiación” inciden más en las mujeres que en los hombres. Por otro lado, la cultura androcéntrica designa a las resignan, en muchas ocasiones, al papel de cuidadoras de menores y/o mayores a su cargo haciendo que estas no puedan prosperar en sus carreras. Asimismo, la maternidad y la conciliación familiar son una de las trabas que tienen las investigadoras, obligadas, a veces, a elegir entre su carrera o tener hijos.

11 de febrero, un día para celebrar y reivindicar

El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia es el momento perfecto para recordar algo que tiene que estar presente cada día en el ideario colectivo: es esencial que las investigadoras obtengan una mayor visibilidad y que sus trabajos sean puestos en valor. También, lo imprescindible que es conseguir una presencia equilibrada de mujeres en todos los ámbitos y niveles de ciencia e innovación, de forma que las niñas tengan cada vez más a su alcance referentes que les inspiren y les muestren todas sus posibilidades.

Las instituciones deben adquirir un rol central a la hora de fomentar y establecer medidas que garanticen espacios igualitarios, a los que mujeres y hombres accedan únicamente en función de sus méritos y capacidades, sin permitir que los sesgos les impidan, especialmente a ellas, tener las mismas oportunidades.

Romper el techo de cristal y conseguir una igualdad de oportunidades no es una tarea con la que se deba cargar únicamente a las mujeres. Perpetuar los sesgos y los roles de género es un problema sistémico que debe ser combatido a través de las instituciones, políticas, económicas y educativas, y desde el conjunto de la sociedad, para que las niñas, futuras mujeres, puedan ocupar cada vez más espacios de los que tradicionalmente han estado apartadas, ignoradas e históricamente olvidadas.

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